Brindemos…
por aquello que no decimos.

Por aquello que vibra a nuestro alrededor,
entre tus gestos… y mis silencios.

 La sucesión de momentos es lo único que tenemos
La sucesión de momentos es lo único que tenemos

Brindemos por esa silenciosa intuición,
que no precisa palabras para existir.
Por esa sospecha dulce
de que el destino

— con su misteriosa paciencia —
ha trazado este instante,
solamente para nosotros.

Hay algo que suspira entre nosotros dos,
algo que el tiempo no consigue nombrar.
Un hilo invisible,
una suave melodía
atronadora cuando tú me miras.

Brindemos por eso.
Por la cercanía que se adivina,
por el fuego que aún duerme,
por la promesa que permanece
en cada silencio compartido.

Sospecho, amor,
que el deseo no siempre grita.
Casi siempre susurra.
A veces… se esconde
en la nube de un suspiro,
en la manera en que mi alma tiembla
sin razón aparente.

Así que alzamos las copas —
no por lo que fue,
sino por lo que podría ser —
y dejamos que el vino hable,
que el cristal confiese aquello que callamos.

Porque lo que sospechamos
no necesita pruebas.
Está ahí.
Vivo.
Latiendo.

Como un hermoso secreto
esperando su hora, su momento.

Esperándote a ti.

Un comentario

  1. ¡Qué bonito, Javier!
    Sí, la sucesión de momentos es lo único que tenemos y hay que disfrutar de esos momentos a tope…
    Brindo también contigo.
    Un abrazo. 🙂

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