Quieto, a tu lado

Podría quedarme muy quieto… a tu lado.

Sin prisa. Sin nada que hacer después.

Podríamos poner música.

Buena música, de esa que no necesita explicaciones, de esa que se cuela por todos los poros de tu piel hasta invadirte por completo.

O charlar durante horas…

Dejar que una cosa lleve a la otra, como esas conversaciones a las que nadie vigila.

Empezar hablando de la nada y acabar contándonos aquello que nunca nadie había oído jamás.

…

O simplemente contemplar la luna en silencio.

Ese es mi favorito, creo.

Dos personas contemplando “su” luna, sin pronunciar una sola palabra, y aun así entendiéndose mejor que nunca… algo tan sencillo, y al mismo tiempo… tan difícil de encontrar.

Ese silencio… una respiración compartida.

No pido más. Ni un plan, ni un destino, ni una razón.

Me da un poco de vértigo desearlo tanto.

Y al mismo tiempo me tranquiliza saber que lo que quiero cabe en una noche cualquiera.

Solamente el borde de tu hombro cerca del mío… y la luna, allá arriba, mudo testigo.

Que el mundo siga girando ahí fuera.

Y nosotros… quietos.


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