Un fuego que arde sin consumirse.

Un lazo invisible que une almas.

Una fuerza que todo lo transforma.

Diversas formas para referirnos al amor, aunque quizá la mas impactante es aquella que lo describe como un campo de batalla.

Desde el mismo momento en que alguien se enamora, comienza una dura batalla entre la razón y el corazón.

Una lucha interna constante.

Enfrentamos miedos, inseguridades, traumas pasados para finalmente amar con la esperanza de ser correspondidos y el temor a salir malheridos.

Al percibir la posibilidad de una relación las propias dudas y la ansiedad pueden contribuir a sabotearla incluso antes de comenzar.

Solemos preguntarnos si somos lo suficientemente buenos, si la otra parte confluye con nosotros o si realmente vale la pena el riesgo.

Se requiere valentía para enamorarse y capacidad para afrontar el riesgo.

Para amar de verdad hemos de aprender a confiar, compartir.

El amor desafía normas, tradiciones, edades o distancias es precisamente por esto que no basta con enamorarse, hay que estar preparado y dispuesto a pelear por el amor.

Converger, encontrarse o coincidir es la primera estación, a partir de ahí el trabajo del día a día construirá un amor verdadero.

La fortuna de ser dos se convierte en certeza de que –aunque el mundo sea incierto– siempre habrá un lugar seguro –un refugio– en el corazón del otro.

Converger, encontrarse, coincidir, corresponderse, confluir, nunca dejemos de buscar el sentido a estas palabras.

P.D.: No busquen una media naranja, busquen converger con alguien,… eso es el amor.

Un comentario

  1. Hola, Javier, eso es amor, quien lo probó lo sabe (como diría Lope de Vega). Tienes razón, es importante toda esa lista de adjetivos con el que terminas tu texto, muy importante, más quizá que el amor mismo o quizá es que en el amor confluyen todos ellos.
    Buena reflexión.
    Un abrazo. 🙂

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