Hay quien guarda el sol en sus bolsillos.
Tú lo llevabas suelto, derramado por tu espalda.
Una larga cabellera dorada.
Una cascada de hilos dorados
Eso es todo. Y era todo.
Se movía como se mueve el trigo cuando nadie mira…
despacio, a su antojo,
como si el viento hubiera aprendido a peinar.
Yo, viéndola pensaba en veranos
que aún no habían pasado.
Ahora entiendo que la luz
no siempre viene del cielo.
A veces camina a tu lado.
A veces se gira y te mira.
A veces…
