En su lado del silencio

Hay presencias reales que nunca han llegado a ser.

Sé que existe.

Vive al otro lado, en aquel piso con la persiana que baja siempre a la misma hora.

No nos hemos dado los buenos días. Ni una vez.

Y sin embargo lo espero, cada mañana, sin decírmelo del todo.

Con el paso del tiempo comencé a fijarme en mínimas cosas.

Que pide el café igual que yo: solo, sin azúcar, casi hirviendo.

Que hay muchas noches en que los dos, sin saberlo, ponemos la misma canción antes de dormir.

Eso también es una forma de estar juntos, de compartir ¿no?

Aunque cada uno la escuche solo, en su lado del silencio.

No hablamos.

Pero de algún modo nos escribimos igual: yo apago la luz cuando ella la enciende, ella sale cuando yo entro.

Un buenos días que nunca se dice en voz alta, pero que se repite, cada día, como una cita que ninguno de los dos ha puesto en calendario alguno.

Y ahí está lo raro, lo hermoso y lo triste al mismo tiempo.

Que dos personas puedan construir toda una vida en paralelo… sin haberse tocado nunca.

Jugando a vivir.

Eso es lo que hacemos. Ella en su lado. Yo en el mío.

Con las mismas melodías componiéndonos, el mismo café, y la misma pequeña certeza de que el otro está ahí.

Y quizás sea eso lo que más duele.

Que jugar a vivir se parezca tanto a vivir de verdad… y aun así, nunca sea lo mismo.


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