La niña que fuiste

Un instante fugaz, un breve momento, es ahí, cuando te ríes de verdad, cuando se te cae la máscara de adulta y aparece ella.

La niña que fuiste.

La he visto en el gesto que haces cuando algo pequeño te sorprende.

En cómo aplaudes, impulsivamente, sin darte cuenta.

En ese silencio raro que te entra cuando ves algo bonito y se te olvida seguir hablando, como si en ese instante, el mundo mereciera toda tu atención.

Me gusta esa niña.

Sale poco, lo sé.

La vida te ha enseñado a esconderla, a ponerle encima capas de seriedad, de horarios, de responder bien a todo.

Y a pesar de todo, ahí sigue. Esperando su turno.

Un helado, una canción, una tontería dicha en el momento justo… y ahí está, asomándose.

Es curioso. A veces pienso que quererte de verdad debe ser eso, aprender a reconocer sus pasos. Adivinar cuándo necesita salir a jugar un rato.

No te estoy pidiendo que la muestres siempre.

Solamente te digo que la he visto.

Y que, cuando aparece, todo lo demás se queda pequeño.

Sigue ahí dentro.

Sigue siendo tuya.


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