Nadie te prepara para la belleza de un martes cualquiera.
Te enseñan a esperar los viernes, los viajes, esas fechas señaladas en rojo.
Como si la vida fuera solamente eso, una colección de momentos grandes separados por días que solo sirven de pasarela para llegar hasta ellos.
Pero yo he aprendido que existen otras cosas, otros momentos.
He aprendido que el café de la mañana discurre con su propia liturgia.
Que el sol entrando por la ventana de la cocina, ese sol de siempre, el mismo de todos los días, a veces se posa sobre la mesa como si aquel fuese “su” lugar privado.
Que hay una forma divertida de doblar la ropa. Un olor después de la ducha. Un silencio concreto a media tarde, cuando la casa se queda quieta y tú también.
Y que ahí, justo ahí, pasa algo.
No sé cómo podría llamarlo. No quiero llamarlo de ninguna manera, la verdad. Ponerle nombre sería estropearlo un poco.
Antes yo también corría hacia lo grande.
Coleccionaba planes como quien colecciona sellos, convencido de que en alguno de ellos estaba lo que buscaba. Y mientras tanto se me escapaban las migas de pan sobre el mantel, la canción de Robe sonando bajita mientras fregaba los platos, tu manera –suave– para dejar las llaves siempre en el mismo sitio.
Ahora lo sé.
Lo que realmente importa no suele hacer ruido. No avisa. No se deja fotografiar.
Se esconde en ese gesto repetido mil veces, en la rutina que un día, sin que nadie te lo advierta, se convierte en lo que más echas de menos.
Me da pena haberlo entendido así. Y a la vez me parece realmente hermoso que lo extraordinario llevara tanto tiempo escondido en lo de todos los días, esperando pacientemente a que alguien lo mirara, lo descubriera.
Fíjate en tu martes.
Ahí está todo.

En los momentos mindfulness, en lo pequeñito, se abre un abanico de posibilidades. Ahí justamente, radica lo grande.
Un abrazo
Muchas veces nos dejamos impresionar por los grandes viajes (que también hay que valorar) y nos olvidamos de lo que ocurre día a día, esa cadena de milagros diarios que por cotidianos pasan desapercibidos. El solo mero hecho de despertarnos cada mañana ya es algo grande que ocurre (ojalá) todos los días.
Gracias por pasarte y comentar.
Un abrazo.