Algún día alguien abrirá un cajón y encontrará una foto nuestra. No sabrá muy bien qué hacer con ella. La mirará unos segundos… y la volverá a guardar.
Eso es lo que seremos. Un instante detenido en papel.
Y sin embargo, ahora mismo, esto es lo más real que existe.
Tu forma de reírte cuando algo te sorprendía de verdad. El ruido que hacías al dormir. Tu olor después de la ducha, ese olor sin nombre pero que yo reconocería entre mil.
Todo eso que parece tan pequeño… es exactamente lo que no se olvida.
Pienso a veces en esa versión –ya imposible– de nosotros en el futuro
Esa que ya no se toca. De la que quizás ni se habla. Y me pregunto si recordará lo de aquel martes sin importancia en el que simplemente estábamos juntos y era suficiente. Más que suficiente.
Porque los grandes momentos, curiosamente, no son los que perduran.
Perduran los pequeños.
Aquella conversación a las dos de la madrugada. La canción que sonó en el momento exacto. Tu mano buscando la mía sin pensarlo.
Eso es lo que somos ahora. Y algún día… solo será una sensación difusa, algo que se parece a la nostalgia pero más suave. Como cuando recuerdas un sueño y solo te queda la emoción, no la imagen.
Me da pena. Y a la vez me parece casi hermoso.
Porque significa que aquello fue real. Que dejó marca. Que dos personas, en algún punto del tiempo, se encontraron de verdad.
Y eso, aunque duela, nadie nos lo puede quitar.

Hola, Javier, qué importantes son los pequeños detalles en una relación y en cualquier cosa. No parecen nada, pero son mucho.
Un abrazo. 🙂
Siermpre son los detalles. Esas cosas que hacemos cuando nadie nos lo pide. Lo que hacemos es lo que habla por nosotros. Solo falta que lo valoren.