El eco del 23 (Universos paralelos)

Hay fechas que sientes incluso antes de mirarlas en tu calendario.

Es lo que le ocurre al día 23.

A lo largo de nuestra historia, el 23 ha perseguido a poetas, a soñadores, a gente que un día se paró a mirar el mundo desde otro ángulo y encontró ese número esperándola en cada esquina.

Desconozco si es verdad.

Pero me gusta pensar que algunos números eligen a quién han de acompañar.

Y hay algo más, algo que no cabe en ninguna explicación.

Doce veces al año, en algún rincón del planeta, alguien sopla unas velas el mismo día que tú.

Distinto mes, misma cifra.

Como si el tiempo, en sus interminables vueltas, dejara marcada una fecha para quienes están destinados a encontrarse… aunque sea sin saberlo, aunque sea nunca.

A veces pienso que el destino no es un camino recto hacia alguien.

Es más bien un eco.

Una cifra que se repite buscando su reflejo en otra vida, en otro cuerpo, en otro lugar del mundo donde también hoy —o mañana— alguien celebra lo mismo que tú.

Puede que ahí, en ese exacto instante, dos almas se rocen levemente, sin apenas tocarse.

Sin verse. Sin nombre.

No hace falta que sea el 23.

Pero si lo es, seguramente alguien —en algún lugar, quizá bajo otro cielo— ya llevaba tiempo esperándote sin saber que existías.


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