Lo intentaste, hubo un momento en que lo intentaste.
Podrías llamarlo oración o simplemente gritar en voz baja, apretando las manos sobre las sábanas, mirando al techo de aquella habitación que olía a hospital y a nada.
Pediste. ¿A quién?
Al aire, quizás.
A la incierta posibilidad de que hubiera alguien escuchando.
Y no había nadie.
O si lo había, nunca contestó.
Tú te quedaste allí, sentado en aquella silla de plástico ––duro–– que nadie diseñó para que doliera menos, y seguiste observando cómo su pecho subía y bajaba.
El ritmo fue decayendo convirtiéndose en susurro, como cuando las canciones se aproximan al final e intentas adivinar cuándo han terminado… hasta que ya no suena.
Y seguiste rezando, mecánicamente, incluso cuando no creías.
A veces uno reza sin fe, como cuando lloras sin saber por qué. Es el cuerpo buscando algo a lo que agarrarse.
Pero no encontraste nada.
Solamente aquella luz fría de los pasillos, y el estruendo de aquella máquina empeñada en medir lo que ya no se podía medir.
No creer en nada cuando más lo necesitas te confina en una soledad muy particular.
No tienes a dónde mirar.
Ningún cielo está esperándote, ningún sentido que te consuele, ni tan siquiera una mano invisible que sostenga aquello que está cayendo.
Solos tú y ella, y aquel mínimo espacio entre ambos que a cada hora se hacía un poco más grande.
Le cogiste la mano.
Era lo único que podías hacer.
Y pensaste que quizás eso era lo único real: el calor de sus dedos, y el tuyo sosteniéndolos, sin palabras, sin promesas de otro lado, sin nada que no fuera ese momento exacto en el que todavía estabais los dos.
Y dejaste de rezar.
Pero no porque te hubieras rendido. Si no porque caiste en la cuenta de que ya no había nada que pedir.
Que ahí ––en esa pequeña habitación–– ya lo tenías todo.
Que siempre lo habías tenido.
Y que aquello, aquel inmenso dolor, también era una forma de haber sido muy afortunado.

Hola Javier!
Hemos compartido nuestras entradas en bloguers, pero hoy me he dado un tiempo para visitar tu blog y me ha gustado. Y el artículo de hoy me ha parecido humano, real, de manera tal que te hace sentir parte de todo. Felicitaciones. Un saludo
Hola Maty, totalmente real. Vivido hace ya un tiempo y aun muy presente. Gracias por pasarte.
Si de veras lo intentó, no hay nada que reprochar. Siempre habrá fuerzas superiores a nosotros. Pero el intento siempre es resistencia.