Las olas nunca te piden permiso.

Llegan. Se rompen. Y vuelven.

Una y otra vez, con esa obstinación tranquila que tienen las cosas que no necesitan que nadie las vea para seguir existiendo.

Hay días en los que me siento aquí, sobre esta roca, en la orilla, y me pregunto cuántas veces habrá roto esta ola exactamente en este mismo sitio. Miles. Millones. Antes de que yo naciera, ella ya estaba ahí, mientras aprendía a caminar, ella ya estaba ahí, mientras te conocía, ella ya estaba ahí, mientras te perdía, nosotros ya estábamos ahí.

Las olas no llevaban la cuenta. Seguían.

Eso me parece, a veces, lo más brutal que existe.

Y también lo más hermoso.

Porque hay algo en esa repetición que no es monótona. Cada ola es ––totalmente–– distinta de la anterior. La espuma nunca cae igual, la luz no ilumina de la misma forma, el sonido ––cada vez–– patrona de un modo diferente. Son parecidas, sí. Pero no son la misma. Y sin embargo… están ahí. Siempre.

Como si el mar tuviera algo pendiente con la orilla y no pudiera dejarlo.

Pienso en eso cuando hay días en los que no sé cómo seguir.

No me refiero a los días grandes, los que duelen a gritos. Me refiero a los martes sin nombre, esos en los que te levantas y el peso está ahí desde el principio, antes incluso de recordar por qué.

En esos días, a veces, me basta con esto.

Las olas siguen. No porque tengan una razón. No porque sepan adónde van. Solo porque es lo que hacen, lo que son, lo que llevan dentro desde siempre.

Y algo en eso me recuerda que yo también puedo.

Llegar. Romperme. Y volver.

Una y otra vez.

Sin necesitar que tenga sentido. Sin necesitar que alguien lo vea.

Solamente porque es lo que hago.

Lo que soy.

Lo que llevo dentro desde que te quise.

2 comentarios

  1. El mar, ese referente emocional que lo cura todo. Me ha gustado mucho la metáfora de las olas, siempre están ahí, con uno, con la vida, y no son la misma ola. Entonces, observas que el mar, el agua, la playa, absorbe tus recuerdos y te acompaña. Es terapéutico y catarquico. Lo describes de forma sublime.
    Un abrazo

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