La soledad nunca es “vacío”, aunque en algunos momentos podamos sentirlo como tal.
La soledad es un territorio interior, un paisaje íntimo, un lugar donde el resto de las voces se atenúan ––se apagan–– y se queda, en soledad, la nuestra, desnuda, sin adornos.
En ese territorio que muchos temen y algunos buscan se desgranan un sinfín de preguntas que no caben en la prisa de lo cotidiano.
–– ¿Qué deseo realmente?
–– ¿Qué heridas hablan de mí?
…
La soledad es ese espejo que no miente y al mismo tiempo un refugio donde escucharse sin ser interrumpido.
Y es ahí, precisamente ahí, donde surge la paradoja, ¿cómo puedo ser feliz aunque esté triste?
No hay una respuesta simple, la tristeza no siempre es un enemigo, en ciertos momentos es señal de que algo importa, de que hemos amado, perdido, deseado o vivido.
Nuestras tristezas afinan la sensibilidad y consiguen abrir grietas en nuestro ser por donde consigue entrar la luz.
Ser feliz en medio de tu propia tristeza no quiere decir que niegues la misma, es reconocer que tu vida es mucho más amplia y complicada que un solo sentimiento.
La felicidad nacida en la tristeza es una felicidad tranquila, madura, que no depende del ruido ni del breve entusiasmo.
Es esa felicidad en la que sabemos que, aun en los momentos más grises, seguimos manteniendo la capacidad de sentir, de comprendernos, de sostenernos.
Descubrimos que no estamos rotos, sino en proceso y que nuestra momentánea tristeza no nos define, sino que nos acompaña en nuestro crecimiento.
La soledad atempera la felicidad y nos señala que esta no siempre es euforia, sino que muchas veces es aceptación, a veces paz.
A veces simplemente la certeza de que, aunque nos duela, seguimos aquí, respirando, entendiendo un poco más quiénes somos.
Y en ese entendimiento, por extraño que nos parezca, hay una forma profunda de felicidad.


Yo creo que en el terreno de la solitud el estar con uno mismo no es una actitud que atañe a la soledad inevitable, esa que no buscas. La soledad deseada, implica crecimiento interior, reflexión y, algunas veces, hace brotar una tristeza, añoranza por el pasado. Nos demostramos a nosotros mismos que seguimos viviendo y aceptando el paso del tiempo. Me parece interesante tu reflexión.
Un abrazo
Siempre digo que cuando la soledad es elegida, no es soledad, sino paz. Espero no saber nunca qué es sentirse solo, aun rodeado de multitud.