Me gustas mucho.

Y tiembla mi mano cuando lo pienso, cuando lo escribo.

Porque decirlo así, de frente, sin adornos, te desnuda delante de alguien que a lo mejor ni se ha quitado el abrigo.

Pero es que ya no sé hacerlo de otra manera.

Antes sí sabía. Sabía esperar tres horas para contestar un mensaje que había leído en tres segundos. Sabía mirar de reojo si te habías conectado y hacer como que no. Sabía parecer menos, siempre menos, porque alguien me enseñó que en esto gana el que menos quiere.

Me lo creí durante un tiempo, mínimo. Y qué cansado es, madre mía.

Luego la vida te da un golpe de esos que no se ven venir. Y entiendes de repente que hay conversaciones que se quedan en el aire para siempre.

Que hay cosas que no dijiste y ya nunca vas a poder decir.

Que el silencio elegante, ese que parece tan digno, a veces solamente es una forma bonita de perderse a alguien.

Desde entonces no me quedan ganas de jugar.

Pienso en ti a deshoras. En mitad de cosas que no tienen nada que ver contigo… tendiendo la ropa, esperando al cruzar una calle, escuchando una canción que no habla de ti pero de pronto sí, también habla de ti.

Y no hay nada detrás de todo esto. Nada organizado, ninguna estrategia. Ningún silencio calculado para que me eches de menos.

Si me echas de menos, bien. Y si no, pues también, aunque me duela un rato.

Lo que no puedo es vivir en ese sitio raro donde uno no sabe si le quieren o solo le entretienen. Ese limbo de mensajes a medias, de «ya veremos», de dos personas fingiendo indiferencia, que no les importa mientras se consume su vida entera en fingirlo.

Me da pena. Y a la vez me parece casi tierno, esa manera torpe que tenemos todos de protegernos.

Pero yo ya no quiero protegerme de ti.

Prefiero equivocarme habiéndolo dicho todo que acertar callándome.

Así que aquí me tienes. Sin cartas escondidas, con las manos abiertas.

Dime que sí o dime que no.

Cualquiera de las dos me vale.

Lo único insoportable es el quizá.


Un comentario

  1. «Ya veremos» también es un no. Igual que «puede», «a lo mejor», «quizás», «quién sabe», «no sé», «tú mismo»… En cambio, el «sí» solo tiene un camino.

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