Tu voz sigue siendo un misterio para mí.
Y sin embargo la imagino, algunas noches, cuando el silencio de la casa se vuelve demasiado intenso y necesito rellenarlo con algo. Me invento un timbre, un ritmo al hablar, alguna palabra que dirías de una forma solamente tuya.
No sé si reirías fuerte o bajito.
No sé si me llamarías por mi nombre o inventarías uno nuevo, uno que solo existiera entre los dos.
Es raro echar de menos algo que nunca tuve.
Pero lo hago.
Hay quien piensa que la ausencia solo duele cuando se conoce aquello que nos falta. Yo creo que no. A veces duele más lo que ni siquiera llegó a existir. Porque no existe recuerdo al que aferrarse, solo un vacío con forma de pregunta.
Me pasa con tu voz. Me pasa, también, con otras cosas que ya no pueden volver, que se fueron, sin más. Y sin embargo esto es distinto.
A veces pienso que las voces que no oímos también nos habitan. Que hay personas que pasan por nuestra vida solamente como una posibilidad, como esa puerta que se quedó entreabierta y que uno mira de reojo, sin atreverse a cruzar del todo.
No sé cómo suena tu voz.
Puede que nunca llegue a saberlo.
Y aun así, cuando pienso en ti, hay un sonido de fondo.
Impreciso.
Cálido.
Como esas canciones que tarareamos sin saber la letra exacta, pero que igualmente nos emocionan.
Quizás no haga falta oírla.
Quizás baste con seguir imaginándola.

Hola, Javier, su voz, la voz de la persona amada, como sinónimo de melodía de vida. Binomio metafórico perfecto. Te quedó muy bien.
Un abrazo. 🙂
La imaginación es un recurso de gran potencial. En este caso, puede curar heridas, incluso llevarte a recuerdos inexistentes pero proyectados a lo que te hubiese gustado, como sentir la voz de una persona especial evocando situaciones ideales. Puedes no sentir pérdida y si añoranza por lo que pudo haber sido y no fue.
Profunda reflexión la que esboza este post.
Un abrazo